viernes, 31 de agosto de 2012

Cuentos de hadas...

Cuando era niña, amaba los cuentos de hadas y aún me siguen fascinando. Durante siglos, nuestros ancestros contaron su sabiduría entretejiendola  con cuentos e historias.

Los celtas por ejemplo, tenían esta historia que las ancianas contaban alrededor de hogueras a niños y jóvenes que las escuchaban atentos en silencio.

Esta es la historia de Oisin, de la tribu de los Finna. Un buen día, este muchacho Orsin, que probablemente estaba muy aburrido o tal vez vio su reflejo en el lago y se descubrió una cana, o vayan ustedes a saber por qué, decidió que quería visitar la tierra de Tir Nan Og o tierra de la eterna juventud, porque le dijeron que ahí la gente era muy cool y tenían alas. Ahí es donde viven las hadas.

Cuando llegó, se sintió luego luego en ambiente, estaba muy agusto y contento, y hasta se ligó una hada.  de cabello dorado y se fue a vivir con ella. Dicen que pasaron tres años, y hasta hijos con el hada tuvo, todo era bonito,  pero empezó a extrañar su pueblo, a sus amigos y compañeros soldados





Era tanta ya su nostalgia, que un día empacó sus calzoncitos y demás ropa, se despidió del hada con un besito y ya iba en la puerta cuando el hada lo detuvo. Se que extrañas tu hogar- le dijo- pero las cosas allá han cambiado. Cuando llegues desearas estar de regreso, el viaje que harás es muy peligroso.  Te presto mi caballo blanco y su magia te protegerá, pero recuerda que no deberás bajar de el ni tocar el suelo, porque algo irremediable podría pasar.

y ahí va Oisin de regreso, Cuando, llegó, supo que el hada tenía razón. Su pueblo ya no existía, en el mundo no habían pasado 3 años, sino 300 y el cristianismo había llegado hasta esas tierras y de su pueblo y creencias muy poco quedaba. Los hombres que conoció, hacía muchos años que habían muerto.

Emprendió el regreso, pero se topo con unos hombres en el camino que trataban de cargar una enorme piedra para usarla en la pared de un templo que construían. El era joven, fuerte y quería ayudarles, pero sabía que no debía bajar del caballo. Se acerco, y quitando un pie del estribo, se agacho y en ese momento la montura rompió.

En cuanto tocó el suelo, se volvió un anciano débil y lleno de arrugas.

La tierra de las hadas, es el lugar del tiempo eterno, como el interior de nosotros mismos, donde el tiempo normal no transcurre.

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